La esencia de su propuesta radica en la fusión de disciplinas: clown, música en directo,
teatro gestual, acrobacia, voz y magia escénica. Pero no se trata de un collage de
técnicas, sino de una integración orgánica al servicio de una narrativa emocional y
simbólica.
Su lenguaje huye del texto convencional. La palabra, cuando aparece, lo hace como un
recurso musical o poético, no como un elemento discursivo. Esto les permite trascender
la barrera idiomática y conectar con el público desde la universalidad del gesto, la
mirada y la emoción.
El resultado es un teatro de ritmo cinematográfico y atmósfera poética, donde cada
movimiento y cada nota están cargados de intención dramática. Visualmente, destacan
por su estética artesanal y nostálgica: vestuarios de otra época, objetos transformados,
luces cálidas y una escenografía que parece salida de un sueño circense en decadencia.
La crítica teatral española ha destacado su capacidad para mantener la esencia del
circo clásico mientras lo renuevan desde una perspectiva teatral. Han participado en
festivales de referencia (FETEN, Umore Azoka, Mostra de Teatre de Alcoy), recibiendo
elogios por su factura técnica, su lirismo visual y su compromiso emocional.
El reconocimiento más reciente —sus nominaciones a los Premios Max 2024 por Los
Pfeiffer— no hace sino confirmar que su trabajo ha trascendido el circuito familiar para
situarse en el ámbito de las artes escénicas de autor.
La Troupe Malabó representa una rara conjunción de virtuosismo, poesía y
honestidad escénica. Su teatro-circo no busca deslumbrar con artificios, sino
emocionar desde la verdad.
Cada uno de sus espectáculos es una celebración de lo imperfecto, un recordatorio de
que el arte —como la vida— se construye sobre el error, la risa y la ternura.
En un tiempo donde la cultura tiende al consumo rápido, La Troupe Malabó defiende un
arte lento, manual, humano y profundamente necesario.